• Malifer

Mujeres emprendedoras – El verdadero Capital Semilla


En algunas oportunidades he sentido el deseo de emprender, de comenzar un negocio propio y salir de la zona de confort que genera la dependencia laboral.

Muchas veces sobrevuela la idea de ser tu propio jefe, hasta ingenuamente se piensa que podría dar más libertad.

Ser emprendedora es liderar tu destino laboral desde el comienzo mismo del negocio hasta que empieza a funcionar, y de ahí en adelante. Los negocios siempre se han visto como tierra de hombres por lo que el reto se torna aún más desafiante.

Hay un momento en que deseamos salir de un ambiente laboral tóxico o que no vislumbramos un crecimiento y surgen ideas que podrían transformarse en un buen negocio.

Puede haber algunas que hasta hacen un análisis de factibilidad y descubren que su idea es rentable. En muchos casos solo falta el capital semilla.

Existen organizaciones que funcionan como incubadoras de proyectos que ayudan a dar el impulso desde lo administrativo de los emprendimientos, como por ejemplo cómo hacer un plan de negocios, los contactos necesarios y otros puntos importantes. Estas empresas pueden ayudarte a organizar tu idea para conseguir el apoyo financiero que necesita el inicio de un emprendimiento, es decir el capital semilla.

Pero siendo mujer e intentando visualizar el contexto en que vive una de más de 40 años, esto es: manejo de la casa, hijos, el trabajo que la sostiene, ¿cuál es el verdadero capital semilla que se necesita para avanzar con un emprendimiento?.

El primer paso que debería tomar cualquier emprendedora es entender que la única Mujer Maravilla que ha existido es la que protagonizó Linda Carter en los años 70.

El segundo gran paso es hacer que este emprendimiento sea un emprendimiento familiar y no desde el lugar en que la familia tomará acción en el proyecto sino desde la colaboración que debemos recibir en los primeros momentos hasta que la idea comience a tomar forma.

Un marido que colabore en los temas de los hijos o de la casa, unos abuelos que entiendan la importancia que el proyecto tiene en sus vidas, unos hijos que comprendan que mamá tiene el tiempo repartido y que por algún período no será el centro de la organización de sus vidas.

Parece simple pero empieza en una misma. La capacidad de delegar, de no cuestionar la forma en la que el resto hace las cosas, el pedido de ayuda, no es tan sencillo y en muchos casos se prefiere dejar la idea de lado hasta que uno ve su proyecto montado por alguien que tuvo la valentía de decir “Necesito ayuda”.

No duden mujeres, inteligentes, creativas, empáticas, perseverantes, voluntariosas. Lo tienen todo en su interior. Solo hace falta salir de la zona de confort, lanzarse a los sueños con planificación y pedir ayuda. Siempre es más sencillo cuando uno cuenta desde el corazón, sus necesidades son mejor entendidas.

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